Historia de Nidia Fossati
Nidia Fossati
Guardiana del Arroyo — Maestra de los Humedales del Ñeembucú
Una vida enraizada en la tierra y el agua
Nidia Fossati nació y creció en el corazón del Ñeembucú, una región del Paraguay donde el agua no es simplemente paisaje sino identidad, memoria y sustento. Desde niña aprendió a leer los signos del humedal: el color del cielo antes de la lluvia, el canto de las aves que anuncian la crecida, el murmullo constante del arroyo que atraviesa campos y comunidades. Esa relación temprana y profunda con la naturaleza sería el hilo conductor de toda su vida.
Su vocación docente se forjó en la convicción de que educar no es solo transmitir conocimientos, sino despertar conciencias. Ingresó a la Universidad Nacional de Pilar con la certeza de que desde las aulas podía contribuir a un Paraguay más justo, más sabio y más cuidadoso de sus riquezas naturales. La institución la recibió y ella, con el tiempo, se convirtió en uno de sus pilares más queridos.
Docente, formadora, sembradora de conciencias
En las aulas de la Facultad de Ciencias Aplicadas, Nidia Fossati dejó una huella imborrable. No era simplemente una profesora que cumplía con sus horas de cátedra: era una presencia transformadora. Sus clases combinaban rigor académico con una pasión que contagiaba. Los estudiantes recuerdan su manera de llegar al aula con mapas de la cuenca del Ñeembucú extendidos sobre la mesa, señalando con el dedo los puntos del arroyo como si hablara de seres vivos —porque para ella, lo eran.
Para Nidia, la educación ambiental no era una asignatura más: era una urgencia ética. Entendía que formar profesionales comprometidos con el territorio significaba mostrarles primero que ese territorio tiene historia, tiene voz y tiene vulnerabilidades. Con paciencia y firmeza, guió a generaciones de alumnos en el arte de escuchar al río, de interpretar sus datos, de hacerse responsables de lo que el agua porta y lo que la negligencia humana puede arrebatarle.
«El arroyo no es solo agua que pasa. Es memoria viva del territorio. Cuidarlo es cuidarnos a nosotros mismos.»
Sus palabras, sencillas y directas, calaban hondo. Muchos de quienes hoy trabajan en la gestión ambiental, la investigación hídrica o la docencia en el Ñeembucú reconocen en Nidia Fossati el origen de su vocación.
El arroyo NF: un cauce, una causa
Si hay un símbolo que resume la dedicación de Nidia Fossati, ese es el Arroyo NF. Este pequeño pero significativo curso de agua del Ñeembucú fue objeto de su atención constante durante décadas. Lo que para muchos era simplemente un arroyo más entre los numerosos que surcan la región, para Nidia era un organismo vivo que merecía vigilancia, respeto y amor.
Comenzó a monitorearlo cuando el deterioro ambiental era ya visible: la presión antrópica, los residuos sólidos, el avance de las actividades productivas sobre las márgenes del cauce. Con sus propios medios y con la complicidad de colegas y alumnos, estableció registros sistemáticos de calidad del agua, biodiversidad ribereña y salud del ecosistema. Sus cuadernos de campo —llenos de anotaciones, fechas, valores de pH, observaciones sobre la fauna acuática— constituyen hoy un archivo invaluable para la ciencia regional.
El arroyo lleva sus iniciales —NF— no como un homenaje impuesto, sino como el reconocimiento espontáneo de una comunidad que supo ver en ese monitoreo incansable la expresión más pura de su amor por la naturaleza. Nidia Fossati y el arroyo se volvieron inseparables en la memoria colectiva del Ñeembucú.
Defensora de los humedales: una voz que no callaba
Los humedales del Ñeembucú son uno de los ecosistemas más biodiversos y frágiles del Paraguay. Nidia lo sabía con la claridad de quien los ha estudiado y amado durante toda una vida. Por eso nunca fue una defensora silenciosa: levantó la voz en reuniones institucionales, en eventos científicos, en conversaciones de pasillo y en clases magistrales. La defensa de los humedales era para ella tan natural como respirar.
Colaboró activamente con organizaciones ambientales regionales e internacionales, aportando datos, perspectivas locales y una mirada que combinaba la rigurosidad científica con el conocimiento profundo del territorio. Sus aportes al relevamiento ambiental de la cuenca del Ñeembucú contribuyeron a visibilizar la urgencia de proteger estos ecosistemas ante instancias gubernamentales y de cooperación internacional.
Creía firmemente que la ciencia sin compromiso social es incompleta, y que el compromiso sin sustento científico es frágil. Por eso su labor de defensa ambiental siempre estuvo respaldada por datos, por evidencia, por el peso de años de observación paciente y rigurosa.
Colega y amiga: el calor que también construye
Quienes compartieron espacios de trabajo con Nidia Fossati coinciden en algo que va más allá de su capacidad intelectual o su compromiso ambiental: su calidad humana excepcional. Era la colega que escuchaba antes de hablar, que celebraba los logros ajenos con genuina alegría, que aparecía en los momentos difíciles con una palabra justa y sin pretensiones.
En la Universidad Nacional de Pilar construyó lazos que excedieron lo institucional. Sus amistades fueron profundas, leales, marcadas por la coherencia entre lo que predicaba y lo que vivía. No era distinta en el aula que, en el pasillo, ni diferente ante las autoridades que ante un alumno de primer año. Esa integridad, esa unidad de vida, era quizás su rasgo más admirado.
Las salidas de campo con sus estudiantes eran, también, festividades del espíritu. Nidia sabía que aprender en contacto con la naturaleza requería un ambiente de confianza y asombro. Por eso creaba ese ambiente con generosidad: señalaba una garza entre los juncos con la misma emoción la primera vez que la décima, y esa emoción era contagiosa.
Legado vivo: el arroyo sigue contando su historia
El legado de Nidia Fossati no está únicamente en los artículos científicos que firmó, en las tesis que dirigió ni en las generaciones de estudiantes que formó —aunque todo eso tiene un valor incalculable. Su legado más profundo es una manera de estar en el mundo: con los pies en la tierra, los ojos en el agua y el corazón puesto en las generaciones que vendrán.
El proyecto Ecos del Humedal continúa su legado con amor y respeto. Quienes lo sostienen asumieron ese compromiso como propio, sabiendo que honrar a Nidia no es recordarla con tristeza sino seguir haciendo lo que ella hizo: caminar el territorio, escuchar el agua, enseñar a cuidar. De ese espíritu nace Memorias del NF, una iniciativa que lleva el nombre del arroyo que ella vigiló toda su vida y que busca preservar, difundir y enriquecer el conocimiento ambiental y humano del Arroyo NF para las generaciones venideras. En cada registro, en cada imagen, en cada palabra recogida bajo ese nombre, late la memoria viva de Nidia Fossati.
El Arroyo NF sigue corriendo.
Y en su murmullo, quienes saben escuchar,
todavía escuchan la voz de Nidia.
Ing. María Báez
Ing. Cecilia Pérez